07 Mar 2025

Las primeras mujeres tatuadas: Un grito de libertad

Escrito por Max Gil
primeras mujeres tatuadas

Las primeras mujeres tatuadas no solo decoraron su piel, también rompieron las normas de su tiempo. Mientras los tatuajes en hombres eran sinónimo de masculinidad porque los llevaban marineros y delincuentes, en las mujeres significaban desafío, independencia y, para muchxs, escándalo. En este video, hacemos un recorrido por aquellas pioneras que usaron la tinta para reclamar su autonomía en un mundo que no les daba opciones.

Nora Hildebrandt: La primera mujer tatuada

Durante siglos, los tatuajes fueron considerados una práctica masculina. En muchas culturas indígenas, las mujeres ya se tatuaban con fines espirituales o sociales, pero en Occidente la historia fue distinta. No fue hasta finales del siglo XIX cuando algunas mujeres comenzaron a tatuarse, y lo hicieron bajo sus propias reglas.

Las primeras mujeres tatuadas en Occidente se hicieron conocidas por formar parte de espectáculos de feria. Eran atracciones humanas, exhibidas como rarezas exóticas junto a forzudos y personas con malformaciones. Nora Hildebrandt fue la primera mujer tatuada registrada en EE.UU. en 1880. Cubierta de tatuajes, ella contaba una historia falsa sobre haber sido obligada a tatuarse por indígenas, un relato pensado para atraer más público a los espectáculos. En realidad, su cuerpo era una declaración de intenciones: un acto voluntario en un mundo que no les permitía tomar decisiones por sí mismas.

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Fotografías de Nora Hildebrandt

Olive Oatman: Tatuarse para sobrevivir

Otra figura clave en la historia del tattoo es Olive Oatman. Su historia es peculiar porque no se tatuó por elección propia, sino como parte de su integración en la tribu Mohave tras haber sido capturada en 1850. El tatuaje en su barbilla era obligatorio para todas las mujeres Mohave. Este tattoo marcó su vida y la convirtió en un símbolo exótico en la cultura estadounidense. Cuando fue “rescatada” y devuelta a la sociedad americana, su tatuaje la convirtió en una celebridad, y su historia fue usada como ejemplo de lo salvaje frente a lo civilizado. Sin embargo, su caso sirvió para visibilizar el tatuaje femenino en un mundo donde la tinta en la piel seguía viéndose con malos ojos.

Mientras tanto, en la alta sociedad, el tatuaje también encontró su espacio, aunque de una manera mucho más lowkey. Se dice que a finales del siglo XIX, una quinta parte de la nobleza británica tenía tatuajes. Como por ejemplo Lady Randolph Churchill, madre de Winston Churchil. Se rumoreaba que tenía un tatuaje que ocultaba bajo pulseras. Se dice que incluso la Reina Victoria tenía un chiquitattoo . Así que ya ves, los tattoos no eran sólo de “machos” o de marginles, sino también de la élite.

Fotografías de Olive Oatman

Maud Wagner: La primera tatuadora profesional

El impacto de estas primeras mujeres tatuadas va mucho más allá del morbo de la época. No se trataba solo de espectáculo, sino de identidad. El tattoo se convirtió en un arma contra las normas impuestas, una manera de expresar individualidad en un mundo que asfixiaba con su rigidez.

A principios del siglo XX, el tattoo en mujeres era casi una sentencia de exclusión social. Ser tatuada significaba salirse del molde de lo «femenino» y enfrentarse a prejuicios. Pero eso no detuvo a mujeres como Maud Wagner, considerada la primera tatuadora profesional, que llevó la tinta más allá de las ferias y circos para convertirla en un oficio. Maud no solo se tatuaba, sino que también tatuaba a otrxs, abriendo camino a futuras generaciones de mujeres tatuadoras.

Fotografía de Maud Wagner

Artoria Gibbons: Desafiando el canon de belleza

Otra pionera fue Artoria Gibbons, una mujer que convirtió su cuerpo tatuado en una herramienta de empoderamiento. Nacida en 1893, Artoria cubrió su piel con diseños que incluían figuras religiosas, símbolos patrióticos y escenas mitológicas. Se presentó en los espectáculos de uno de los circos más famosos del momento, el Barnum & Bailey, y desafió el canon de belleza femenino de la época. Más que un objeto de exhibición, Artoria usó su imagen para controlar su propia narrativa, convirtiéndose en una referente para las mujeres que querían reclamar la propiedad de su cuerpo a través del arte.

 

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Fotografías de Artoria Gibbons

Hoy, los tatuajes en mujeres son parte de la norma, pero su camino hasta aquí no fue fácil. Cada línea de tinta fue un pequeño acto de resistencia. Lo que antes era un estigma, hoy es una elección. Y esa elección se la debemos a quienes se atrevieron primero.

Las primeras mujeres tatuadas no solo rompieron barreras, sino que también definieron una nueva forma de expresarse. No se conformaron con lo que la sociedad esperaba de ellas, sino que usaron su piel para contar su historia. Hoy, tatuarse sigue siendo una decisión personal, pero en su momento fue un acto de rebeldía en toda regla.

 

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