27 Mar 2025

Historia de la máquina de tatuar: De la celda al estudio

Escrito por Max Gil
historia de la máquina de tatuar

Antes de que el tattoo se convirtiese en una profesión artística, la cosa iba de sobre todo de ingenio. Y antes de que existieran las rotativas wireless con grip ergonómico, hubo bolis Bic, motores de afeitadoras, walkmans y mucha ceniza.

La historia de la máquina de tatuar empieza allá por 1876. Thomas Edison inventó una pluma eléctrica para perforar papel y hacer copias. Cero glamour. Pero en 1891, el neoyorquino Samuel O’Reilly tuvo una idea: “¿y si en vez de papel, agujereamos piel?”

Dicho y hecho. Le enchufó un tubo de tinta, ajustó la aguja y patentó la primera máquina de tatuar eléctrica. Esto sí que era una idea con glamour. Aprende, Edison.

historia de la máquina de tatuar

Apenas veinte días después, en Londres, Thomas Riley cogió la bobina del timbre de su casa y la convirtió en la primera máquina de bobina electromagnética. Alfred Charles South siguió la racha de ideas con la versión de doble bobina —más potencia, más velocidad, más old school. Eran pesadas como un gato muerto, tanto que se colgaban del techo con un muelle para que lxs tatuadorxs no se dejaran el brazo. Pero funcionaban. Y eso bastó para cambiar la historia.

En 1929, Percy Waters refinó el invento con bobinas mejor colocadas, interruptor de apagado (gracias, Percy) y protección contra chispas (gracias Percy, otra vez). Su modelo se convirtió en estándar. Y aunque con los años llegaron rotativas modernas, máquinas neumáticas y grips con la ergonomía de una silla gamer, la esencia sigue siendo la misma: una aguja que sube y baja, y una mano que sabe qué hacer con ella.

Y si no hay máquina, se inventa

Claro, todo esto es lo que pasaba fuera de la cárcel. Dentro, la historia era otra. Las prison tattoo machines nacieron de la necesidad más pura. Sin acceso a nada profesional, los presos se las apañaban con motores de casettes o maquinillas eléctricas, bolis Bic como estructura, y agujas hechas con muelles de mechero, cuerdas de guitarra o clips afilados. Punk, ¿no? Pues espérate a que te cuente cómo hacían la tinta: humo, ceniza, champú, pis y lo que se le pasase por la cabeza al alquimista que preparaba el mejunje. Estas máquinas no se compraban ni se vendían: se armaban con lo que hubiese. Y aún así, funcionaban. No solo eso: muchos tatuajes carcelarios tenían una calidad brutal, y lo más loco es que todo ese ingenio marcó el nacimiento de un estilo nuevo: el black & grey que hoy vemos en miles de estudios y ha influido en el fine line y en el realismo.

Máquinas de tatuar hechas a mano por @cremahidratante

Para muchxs reclusxs, tatuarse es una manera de tomar el control y afirmar su individualidad frente a un sistema que les despersonaliza y les quiere “uniformizados”. Los tatuajes son algo que no les pueden arrebatar, símbolos que conectan a las personas con sus valores, identidades y experiencias.

Y como el tatuaje es ilegal dentro de la mayoría de las prisiones, sus herramientas se fabrican y se usan en secreto. Y esta clandestinidad ha creado leyendas y variedad de dispositivos improvisados. Existen ejemplos documentados de máquinas de tatuar construidas con motores de walkman, cepillos de dientes derretidos, bolígrafos vacíos y agujas de coser. Algunas han sido encontradas ocultas en plantillas de zapatos, mandos a distancia o dentro de libros ahuecados.

Pero eso no es todo, el tatuaje funciona también como moneda de cambio en la economía informal de las prisiones. Tatuadorxs con buena técnica y reputación pueden intercambiar sus servicios por cigarrillos, comida o favores. Y es por eso que dominar el arte del tatuaje puede traducirse en respeto, protección y acceso a bienes escasos.

 

Fotografías enviadas por el vigilante de un módulo penitenciario a Corrections1

El legado

Las máquinas carcelarias no solo sobrevivieron al encierro, se escaparon. Artistas como Freddy Negrete o Mister Cartoon vieron el potencial y lo llevaron a los estudios. Ajustaron las máquinas para que funcionaran con una sola aguja (single needle) y adaptaron lo que en principio era “una chapuza funcional” a una técnica depurada que cambió el panorama del tattoo para siempre. Uno de los representantes de este estilo en España es @cremahidratante, que fabrica sus propias máquinas de tatuar inspirándose en las máquinas que se fabrican en prisión. El voltaje es menor que el de una máquina de tatuar normal, y precisamente eso lo ha llevado a desarrollar un estilo propio. Si tú también quieres aprender a fabricar tus propias máquinas de tatuar aprovecha y apúntate a la workshop que realizará el 10 de mayo en el Tattoox Club, en Barcelona. También estará exponiendo sus máquinas desde el 1 de abril al 31 de mayo. Yo que tú no me lo perdía 😉

 

Tattoo Machine Workshop

Construye tu propia máquina de tatuar con Crema Hidratante

3 de mayo en el Tattoox Club
Reserva ya tu plaza
News
27 Mar 2025
Publicación relacionada