Cuando Elio Toffana se sienta en el set de Inkvitados, todxs sabemos que no será otra entrevista más. Habrá tattoo, sí, pero no habrá una charla trivial. Elio ha hablado de identidad, de arte, de sentirse al margen, de lealtad inquebrantable, de drogas sin romanticismos, de política sin filtros, de matriarcado desde la experiencia y de reggaetón sin pedirle perdón a nadie. Todo esto mientras mantiene ese estilo tan suyo que fusiona la sabiduría callejera con la conciencia poética.
Porque Elio no se entiende sin Aluche, sin su abuela que lo crió, sin esas tías que fueron su red de seguridad. Es de esxs artistas que llevan el barrio tatuado. Pero ahí está la paradoja: nunca terminó de encajar del todo. Ni con lxs chavalxs del barrio que lo veían «demasiado artista», ni en la escuela de arte donde lo consideraban «demasiado callejero», ni en una industria musical que nunca supo bien dónde colocarlo.
Por eso su último disco, Aliens, no es un simple álbum. Es una declaración para quienes sienten que este mundo no fue diseñado para ellxs. Para lxs que sobran en las fotos de familia. Para los que resisten a pesar de todo, como las malas hierbas que crecen entre el asfalto roto.
Para Elio, cada tatuaje es un capítulo de su autobiografía impresa en la piel. Desde aquel primer garabato a los 17 años (con una autorización falsificada) hasta alguna pieza intercambiada «medio pollo de MDMA».
Muestra una calavera con el nombre de un amigo que ya no está, un homenaje a Tupac en el antebrazo, los nombres de sus tías escritos en cursiva imperfecta, logos de películas que le cambiaron la vida y símbolos que sellan lealtades inquebrantables.
Cuando le preguntan si alguna vez se ha arrepentido de alguno, Elio responde con esa sonrisa torcida tan característica: «Es un sacrilegio hacerte cover ups… Las cicatrices hay que llevarlas con orgullo».
Y es que Elio, criado en lo que la sociedad etiqueta como «familia desestructurada», tardó años en reconciliarse con lo que significaba tener familia. «No sabía lo que era tener padres”. Por eso hoy, lleva tatuados recuerdos de sus abuelos y sus tías, la familia que lo crio.
Musicalmente, Toffana está ahora en otra dimensión. Si antes hacía rap introspectivo, de esos temas que mola escuchar fumándote un porro en la soledad de tu habitación, ahora su música es para mover el cuerpo, para generar conexión con lxs colegas. Pero cuidado, porque no ha sacrificado ni una barra en el proceso.
Elio sigue hablando de injusticia social sin caer en el panfleto, de barrio sin victimismo, de identidad sin etiquetas precocinadas. Su nuevo disco Aliens es también una aventura sonora con influencias del rap espacial y una estética de ciencia ficción que parece sacada de Blade Runner si lo hubieran rodado en Aluche. Y de paso, se reapropia de ese término que la “ultraderecha americana” usa para deshumanizar a lxs inmigrantes.
El álbum, trabajado con productores de la talla de Lex, Gesdao y El Secreto, cuenta con colaboraciones selectas: Niickzzy para su tema de reggaetón, con Cruz Cafuné hizo una macarrada y con Who is Conway un rap gangsta. Elio no quería hacer un disco de esos con 20 nombres para sumar reproducciones. Cada persona que está ahí es porque tenía algo que aportar a la historia de “Aliens”.
Durante la sesión de tatuaje, Elio se deja hacer un demonio del flash de Ed Frank. «Confío en el tatuador y en su trabajo», dice. A veces hay que dejarse llevar, aprender a no controlarlo todo.